Siempre he sido prejuiciosa (sin motivo aparente) con determinados autores y Terenci Moix era uno de ellos hasta que, gracias a una gran recomendación, descubrí a este maravilloso escritor que con "El amargo don de la belleza" me cautivó.
Ramón Moix Berenguer (Barcelona, 1942) más conocido bajo el seudónimo de Terenci Moix se convirtió en un autor de gran éxito gracias al premio Planeta con el que fue galardonado (con gran acierto) por "No digas que fue un sueño" en 1986. Cinéfilo declarado, escribió varios ensayos sobre este tema, y apasionado de la cultura egipcia nos legó una obra de más de 40 títulos antes de su muerte prematura en 2003.

En "El arpista ciego" nos encontramos con tres protagonistas que a lo largo de la historia acaban uniendo sus destinos. El primero, que da nombre al libro, es Ipi: un niño ciego que se refugia en la melodía de su arpa intentando superar su minusvalía. Jonet: un pillastre, que aparentemente surge de la nada, que conecta inmediatamente con nuestro arpista gracias a su amor por la música. Y por último el más ilustre de todos, Tutankamón, intentando adaptarse a su nueva ciudad mientras soporta el peso de su soberanía siendo todavía una criatura.
A lo largo de la trama la vida de estos tres personajes se va hilando de manera original para acabar desembocando en un sorprendente final.
Para ser sincera no he disfrutado tanto de la lectura como esperaba. El listón que habían dejado las dos obras que había leído anteriormente de este autor era muy alto y las expectativas que tenía han hecho de las suyas.
La alternancia en los diálogos entre los protagonistas de carne y hueso y los dioses no me ha terminado de convencer, al igual que las recurrentes escenas de sexo cada dos páginas, para mi gusto innecesarias en el cincuenta por ciento de los casos (si no es más) ya que ni venían a colación, ni influían en la trama.
Dejando estos pequeños peros a parte, he de reconocer que la prosa es tan maravillosa, sensible y descriptiva que cada página es una delicia para los amantes de la lectura. Los personajes secundarios me han encantado, los diálogos entre las hermanas de Ipi y las vecinas de la calle de Tebas bien podrían desarrollarse en pleno siglo XXI y es que un patio de vecinas es lo que es desde que el mundo es mundo. Y por último la ambientación en Egipto, de la mano de un experto, siempre es una apuesta segura.
En definitiva, la extensa labor de este autor tiene títulos que no me cansaré de recomendar si no os habéis acercado todavía a él. Aún así, si os decidís a probar con esta obra, tampoco os arrepentiréis.